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sábado, 25 de junio de 2011

Cueva de los tayos






En Julio de 1976 tuvo lugar durante un mes y medio en Ecuador una aparatosa expedición.
Se trataba de una intimidante movida científico-militar auspiciada por el propio ejército ecuatoriano conjuntamente con Gran Bretaña.

La misma tenía la atracción extra de contar entre sus filas con nada más y nada menos que el astronauta NEIL AMSTRONG , el primer hombre de nuestra civilización en pisar suelo lunar.
Esta presencia en realidad no era en sí muy llamativa en ésa época, ya que a partir de un aparente encuentro cercano de tercer tipo que habría tenido el astronauta en ocasión de su histórico viaje lunar, comenzó a interesarse vivamente en temas relacionados directa o indirectamente con vida extra o intraterrestre (temas para los cuales no había exteriorizado ni el más mínimo interés antes de su viaje espacial).
Previo a su visita a Ecuador, ya había estado en Paysandú Uruguay en la Estancia de la Aurora, famosa por sus múltiples reportes de actividad OVNI.
La mentira oficial (esta expedición estuvo PLAGADA! de mentiras oficiales) fue que Armstrong había sido invitado debido a la celebración del bicentenario de la Independencia de los EE.UU. (¿?) El hombre, conocido por su filiación masónica, permaneció durante tres días en la expedición retirándose luego escoltado por cuatro compatriotas pertenecientes a la religión mormona, y la siguiente mentira oficial fue que no había encontrado nada que pudiese calificarse como extraordinario (¡Basta, Chicos!).
Sin embargo, muy diferente fue lo que dijo el propio astronauta a los medios de prensa:
A su arribo, declaró: "Quiero ser uno de los primeros en poner los pies en sitios subterráneos que no han sido hallados por el hombre. Es un gran paso de la humanidad en el conocimiento del mundo subterráneo". Y en vísperas de su partida manifestó:
"Mi visita a este mundo subterráneo ha superado mi vivencia en la Luna".
Tampoco era nada extraña para la época la intervención de Gran Bretaña, que luego de la segunda guerra mundial sorpresivamente había empezado a tener el mismo ataque de arqueología y misticismo que sus derrotados los nazis.
En general el desarrollo mediático que tuvo la expedición (se dio participación incluso a diarios y revistas sensacionalistas o pasatistas, como por ejemplo la alienante revista "GENTE" en la Argentina) sugería en todo momento que sus auspiciantes (de quien luego daremos más detalles) encararon la movida con cierto ingenuo deseo de publicidad y notoriedad, como si " no supieran en qué se estaban metiendo". Luego al comenzar los descubrimientos y perder su casi tonta virginidad (la cual agradecemos, claro!!) , dio toda la impresión de que se arrepintieron profundamente de su actitud previa y buscaron desesperadamente tapar y borrar con la mano lo que escribieron con el codo en la opinión pública.



PERO... ¿ DE QUÉ COÑO ESTAMOS HABLANDO?
Estamos hablando de uno de los más famosos y conocidos de los miles de túneles subterráneos existentes en el planeta, en el cual se desarrolló tal presencia, intrigas e hiperactividad de antiguas hermandades secretas, servicios de inteligencia de varios países, buscadores de tesoros, aventureros y cofradías esotéricas que dejarían las aventuras de una Lara Croft o de un Indiana Jones como bebés de pecho en disneylandia.
La Caverna de Los Tayos, ubicada en la falda de la Cordillera del Cóndor, en Ecuador, fue descubierta en el siglo 19 por el coronel del Ejército Víctor Proaño, aunque ya en ese entonces era conocida y custodiada por una tribu jíbara llamada Shuar (los reduce cabezas) que aún habita en sus inmediaciones y se considera comisionada por dioses intraterrenos para la estricta custodia del legado de su civilización.
En estas profundas, oscuras y enigmáticas grutas revolotean en gran número gritando ruidosamente con sonidos que asemejan escalofriantemente el llanto de bebé humano, unas extrañas aves/murciélago casi prehistóricas que se guían en la oscuridad emitiendo ultrasonidos.
Se trata de los Steatornis Caripensis, popularmente conocidos como TAYOS ( de allí el nombre de la caverna ), una especie que llamativamente se encuentra presente en casi todas las cuevas que atraviesan Sudamérica, lo cual fortalece la teoría de una interconexión global subterránea en todo el continente ( y probablemente en todo el planeta ).La dieta de los indios shuaras está constituida fundamentalmente a base de los huevos que hurtan a estos extraños pájaros, que son considerados sagrados por guardar la tradición del acceso al mundo subterráneo.
Se accede verticalmente a las cuevas por una especie de profundo cráter, y una vez dentro uno se encuentra con una absoluta oscuridad y una gigantesca construcción evidentemente no natural, plagada de galerías y pasillos, arcos de piedra cincelados y moles de andesita (el mismo material empleado en la construcción de Tiahuanaco). Estos pasillos están construidos al estilo de todas las construcciones megalíticas: dinteles de enormes bloques de piedra de corte y encastre perfecto, agregándose aquí por lógica techos impecablemente alisados

LA EXPEDICION


izquierda: Standley Hall; derecha: Neil Armstrong y Standley Hall


"De la luz originamos y a la luz seguimos.
Con la luz de este entendimiento me moví contra la aberración humana de la guerra y seguí
sus raíces tribales hasta las entrañas oscuras de la historia registrada y más allá.
Nunca me imaginé un viaje tan increíble."

Stan Hall

Comenzó en Agosto de 1.976, participando soldados ecuatorianos y británicos y un cuerpo de científicos, médicos, biólogos y arqueólogos, 20 toneladas de equipo con reabastecimiento vía aérea y todo a un costo de casi tres millones de dólares, una fortuna para la época.
Fue la más nutrida y pertrechada de la que se tenga noticia hasta el presente, con una duración total de un mes y medio.

LA PRIMER SORPRESA
El viaje comenzó en aviones hasta la última pista de aterrizaje aceptable que hay antes de la selva impenetrable ( los problemas de visibilidad para volar en esta zona son imprevisibles: se puede despegar encontrando un claro entre las nubes, pero nada garantiza que la visibilidad se mantenga hasta aterrizar ), para luego continuar en mulas (para minimizar el riesgo de mordeduras mortales de serpientes ) bajo copiosas y permanentes lluvias, avanzando casi constantemente en el barro y untándose cuerpos y hamacas con ajo al acampar por las noches.
Estando los exploradores a mitad de camino hacia la cueva, en la unión del río Coangos con el Santiago, inesperadamente encontraron una especie de anticipo de lo que verían después: una inmensa pared megalítica en el medio de la selva de dos metros y medio de altura y cuatro metros y medio de largo, en el mismo exacto estilo que las que luego encontrarían en las galerías subterráneas. Las fotos y filmaciones en Súper 8 que se realizaron de este enigmático muro jamás fueron dadas a conocer (¿tal vez contenían símbolos incómodos para la iglesia o la ciencia?)
Al llegar a la chimenea de entrada, se instaló un generador de electricidad en el campamento base a escasos metros de la entrada a la cueva, se colocó una plataforma en la boca de acceso, se bajaron cables con lámparas de iluminación y se comenzó a descender diariamente, permaneciendo allí hasta altas horas de la tarde de cada día.
Se encontraron primero fragmentos de una figura antropomorfa de arcilla, luego se descubrió una galería taponada artificialmente (mediante acumulación intencional de piedras), con restos de estructuras elaboradas, 111 fragmentos cerámicos, recipientes metálicos, botellas con asa y recipientes con elementos antropomorfos y ornitomorfos, un disco con imágenes de serpientes y otro con rasgos felinos.
Estando en plena tarea de exploración, imprevistamente, surgió una fuerte discusión entre integrantes de los equipos y todo se precipitó rápidamente. Se hizo muy evidente una fuerte discrepancia entre las partes respecto a una decisión tomada, que casi los hace llegar a las armas. Obviamente se había descubierto algo que se consideraba de suma importancia y se discutía sobre perpetrar o no su robo. En un clima de evidente hostilidad mutua, se extrajeron de la cueva cuatro cajas selladas de madera. Los shuaras (que se suponía obraban como supervisores de la operación) solicitaron verificar su contenido, pero el permiso les fue negado bajo amenaza de armas de fuego. El chimpancé que había obtenido su presa de carne (carne podrida, por otra parte, ya que en esa instancia de la expedición, ni siquiera se había "rasguñado" las profundidades de la cueva) se alejaba corriendo del resto de sus pares, burlando y engañando a quienes habían confiado en su buena fe. Suficiente para la misma patética foto de siempre, de todos los tiempos, de todos los mundos, de todas las dimensiones del hombre.
Los profanadores se retiraron satisfechos con su botín (que por suerte no tenía ningún valor real salvo su antigüedad) para entregarlo, obviamente, a quienes eran sus empleadores.
Y aquí aparece el gran detalle: quiénes estaban detrás de la financiación de la millonaria expedición.
Impensadamente, se trataba de la Iglesia Mormona, a la cual la exploración de la caverna, por un increíble efecto dominó de circunstancias, le había despertado un voraz interés por coincidir lo que supuestamente la misma guardaba con sus más preciadas y ancestrales tesis fundamentales en lo relativo a las migraciones transcontinentales y la llegada a América de los patriarcas del culto.
Veamos: El fundador de la Iglesia Mormona fue Joseph Smith, quien recibió (y tradujo) una “Biblioteca Metálica” de la cultura y el saber de la América antigua grabadas en planchas de oro, de manos del Ángel Moroni (curiosamente, la zona donde se encuentra la cueva de Los Tayos se denomina “Morona”) que era el hijo del profeta Mormón, autor de dicho libro de oro. Estos relatos incluían una visita de Jesús de Nazaret al continente americano luego de su resurrección.



Siempre según la leyenda, esta biblioteca de oro estaba oculta en algún lugar de la cordillera de Los Andes.
El testaferro y cara visible de esta logia fue el ingeniero escocés Stanley Hall, quien además lideró al equipo británico de la expedición, y de quien se llegó a sospechar que militaba en los Servicios Secretos del Reino Unido.
Asimismo, la filiación masónica de Neil Armstrong y otros varios integrantes presentes en el equipo británico y la estrecha relación que esta logia tuvo siempre con la Iglesia Mormona, hacen presuponer que el proyecto era el resultado de una asociación logístico-financiera entre ambas y que –al menos al comienzo – estaban convencidas que los hallazgos que se producirían en la exploración darían un impulso formidable a sus postulados esotéricos en la fe de la humanidad, a tiempo que debilitaría mortalmente las religiones dominantes.
Sin embargo, todo ese entusiasmo muy pronto se ensombreció y el informe final que la “comisión de estudiosos” dio a conocer a la opinión pública fue que La Cueva de Los Tayos no tenía origen artificial, que no existían indicios de trabajo humano y que todo era producto de la acción natural de ríos subterráneos.
Pero esta pretenciosa expedición financiada por una logia esotérica tuvo toda una sorprendente y no menos misteriosa cronología previa. Veámosla:

EL PADRE CRESPI


El Padre Carlos Crespi y sus planchas metálicas


El Padre Salesiano Carlos Crespi Croci había nacido en Italia en 1891, y dedicado su vida al Ecuador desde 1923 hasta 1982, dejando a su paso huellas gigantescas de su vocación de bien. Educador, Antropólogo, Botánico, Artista, Explorador, Cinematógrafo y Músico, había sido tan rico en talento como en bondad. Tal fue así que en Cuenca (su hogar adoptivo) se levantó una impresionante escultura en su memoria.


Padre Carlo Crespi


Realizó enormes obras tanto para los habitantes de la selva amazónica como para la ciudad de Cuenca y todo el Oriente ecuatoriano: escuelas gratuitas, instalación de luz eléctrica donde aún no la había, creación de aserraderos, talleres de mecánica, carpintería, ebanistería, sastrería, zapatería, encuadernación, artes y oficios profesionales, siendo él mismo el rector del edificio de tres pisos construido para la enseñanza de Ciencias de la Educación.
Un verdadero gigante que era literalmente adorado por todos, incluso por los indios Shuar sobre quienes en 1927 filmó un documental titulado ‘Los Invencibles Shuar de la Alta Amazonía’ (Los shuaras se autodenominan “Invencibles” debido a que ni los incas ni los conquistadores pudieron dominarlos) donde se reflejaba su vida y su cultura con total respeto.


El Padre Carlo Crespi y el investigador escocés Standley Hall. Cuenca, Ecuador. 1976:






link: http://www.youtube.com/watch?v=3ekAQI2iuIU

Como ya hemos visto previamente, los Shuar se autoproclamaban guardianes de la caverna de Los Tayos y frecuentaban la misma asiduamente. Fue así como convencidos de la estatura moral y autoridad de Crespi, le confiaron la custodia de unos enigmáticos objetos (aparentemente de oro) con ideogramas en relieve que semejaban una escritura codificada, supuestamente encontrados durante sus numerosas visitas a las cavernas y que el sacerdote guardó celosamente protegidos bajo llave en la Iglesia María Auxiliadora de Cuenca. Estos objetos podrían haber formado parte de una mítica "biblioteca Metálica" en la cual se describirían los orígenes mismos de la historia humana y se vincularía estrechamente con las leyendas y mitos de Shambhala, Agharta, El Libro de Las Vestiduras Blancas y otras civilizaciones perdidas. Esto habría sucedido entre 1927 y 1930.
En la actualidad, lamentablemente, las piezas custodiadas por Crespi desaparecieron, hurtadas por manos anónimas una vez fallecido el sacerdote. Afortunadamente, quedaron al menos fotos y videos que atestiguan su existencia.

JUAN MORICZ


Nivello, Hall, Moricz, Peña y Punin


Este espeleólogo aficionado nacido en Hungría tenía un profundo conocimiento esotérico y era un ferviente investigador de leyendas ancestrales.
Estaba convencido de la existencia de un laberíntico mundo subterráneo (a profundidades muy difíciles de alcanzar por el ser humano) interconectado a lo largo y a lo ancho del planeta en donde todavía sobrevivían los restos de una desconocida y misteriosa civilización antiquísima de gran sabiduría y más evolucionada que la raza humana, y su obsesión era encontrar una entrada que lo condujera finalmente a su encuentro.
Sus investigaciones del mundo intraterreno lo fueron llevando paulatinamente hacia Sudamérica, donde visitó primero Perú, luego Bolivia (aseguraba que accesos al mundo subterráneo podían hallarse en Cusco y el Lago Titicaca) y más tarde Argentina, donde hizo especial hincapié en las entradas que –según él- se encontraban en Tierra del Fuego. En este último país permaneció un largo tiempo (incluso se nacionalizó argentino) antes de llegar a Ecuador, a mediados de los años 60, atraído por ciertos comentarios que llegaron a sus oídos respecto a que los indios shuaras (que como ya comentamos más arriba se consideraban los custodios de la morada subterránea a la cual se accedía por Los Tayos) en sus exploraciones subterráneas para hurtar huevos se habían topado con gigantescas huellas sobre bloques de piedra de ángulos rectos y simetrías claramente artificiales, así como también unas enigmáticas láminas metálicas y otros objetos con inscripciones jeroglíficos e ideográficas que habían entregado en custodia a un padre salesiano de Cuenca (nada más y nada menos que el Padre Crespi).


1969


Una de las firmes creencias de Moricz era que los shuaras eran una de las antiguas ramas madres de la raza húngara (había publicado un libro llamado “El origen americano de los pueblos europeos” partiendo de las investigaciones realizadas por el vasco Florencio de Basaldúa, en el cual afirmaba que los albores de la civilización había que buscarlos en América y que lenguas como el vasco o el húngaro tenían profundas raíces en Sudamérica donde varios pueblos presentaban palabras y estructuras equivalentes ), particularidad que pareció confirmar al notar que estos aborígenes hablaban un idioma muy similar al antiguo dialecto húngaro, el magiar.
Como Moricz hablaba muy bien el magiar antiguo, pudo comunicarse perfectamente con ellos, pese a algunas diferencias menores.
Este hecho le fue de enorme ayuda en la elucubración de un elaborado plan a largo plazo, que comenzaba con entablar amistad con los guardianes de los túneles de sus desvelos.
En 1960 se contactó con ellos por primera vez, presentándose como espeleólogo e historiador, y para superar la desconfianza inicial de la tribu, comenzó a comentarles sus teorías sobre las transmigraciones continentales y su creencia (real, por otra parte) de que allí se encontraba el origen de sus ancestros y por lo tanto estaba interesado en conocer profundamente sus tradiciones y creencias. Frecuentó la tribu durante tres años (le tatuaron en el brazo el mismo signo que ellos llevaban en el rostro como salvoconducto para ingresar irrestrictamente en su territorio) hasta que en 1964 logró por primera vez ser invitado a conocer las cuevas subterráneas. Fascinado con los resultados, continuó ingresando -sin restricciones ya por parte de la tribu e invitando incluso a personas de su entorno personal-entre 1965 y 1969, período durante el cual obtuvo grandes cantidades de fotos y filmaciones en Super-8.La expedición de 1969 ( que estaba mejor pertrechada que las anteriores y ya contaba con el financiamiento y la presencia de directivos de “La Iglesia de los Santos de los Últimos Días” ) resultó contundente en cuanto a hallazgos, y Moricz hizo firmar a todos sus acompañantes una declaración en la cual juran guardar absoluto secreto sobre todo lo descubierto, ubicación geográfica u objetos preexistentes en el interior de las cavernas.
Luego, el 21 de julio de 1969, se presentó en Guayaquil e inscribió un Acta Notarial de Descubrimiento que hizo llegar a manos del presidente de la República. En ella, entremezclada con la parte formal, hizo afirmaciones extraordinarias que dejaron en segundo plano el descubrimiento de las cuevas en sí:
“(…) hallados en habitáculos ocultos de variadas y distintas cuevas”(…) “(…) he descubierto valiosos objetos de gran valor cultural e histórico para la humanidad, que consisten en láminas metálicas que contienen la relación histórica de toda una civilización perdida de la cual el género humano no tiene memoria ni indicios todavía.(…) "(...)"una verdadera biblioteca metálica que contiene la relación cronológica de la historia de la humanidad, el origen del hombre sobre la Tierra y los conocimientos científicos de una civilización extinguida"(...)
Con este espectacular anuncio ( que luego confirmó en estrados científicos y mediáticamente ) Moricz se constituyó en el primer contemporáneo en dar a conocer masivamente la existencia de un sistema intraterrestre, y de la existencia dentro de él de una biblioteca metálica ( probablemente de oro ).El revuelo que provocó fue de proporciones bíblicas, no sólo en el ambiente especializado, sino en muchos otros ambientes insospechados… e indeseados, que harían que luego se arrepienta de su entusiasmo comunicativo por el casi mágico hallazgo, y reasumiera un pacto de silencio que no volvería a romper jamás, ni siquiera con su esposa.
Entonces apareció en escena otro personaje mundialmente famoso: el suizo Erich Anton von Däniken, quien por ese entonces estaba decidido a convertirse en otro pionero en popularizar temas sensibles, dando a la luz sus teorías (basadas en otros autores como Peter Kolosimo que habían tenido difusión sólo en ambientes específicos) sobre presencia extra e intraterrestre en nuestro planeta y otros temas que hasta entonces sólo se trataban en círculos muy privados o secretos. A esta altura, ya se habían publicado “Chariots of the Gods” (el que luego fuera su obra más famosa) y “Gods from Outer Space”, y durante el revuelo mediático causado por Moricz estaba en plena recolección de un copioso material para su tercer libro.



Inmediatamente lo contactó y se ganó su confianza, a punto tal que el húngaro le dio material fotográfico inédito de las cuevas y una versión “oculta” y completa de su hallazgo, con cientos de detalles secretos.
El relato y el material fotográfico (junto con fotos de las planchas del padre Crespi) aparecieron (bastante distorsionados por Von Däniken que a todo le daba intencionalmente un toque “hollywoodense” es decir, comercial) en su libro “El Oro de los Dioses” que fue un best-seller traducido a 25 idiomas e hizo especial impacto en Europa donde el hallazgo y las afirmaciones de Moricz corrieron como reguero de pólvora.
Para echarle nafta al fuego, dos años después de la publicación del libro de Von Däniken, en la revista Norteamérica “Ancient Skies”, el filólogo hindú Dileep Kumar analizando las planchas del Padre Crespi informó que:
“Sus dimensiones son 52 cms. de largo, 14 cms. de ancho y 4 cms. de espesor, hechas de oro. Su escritura guarda una enorme similitud con caracteres de un lenguaje empleado hace más de 2.300 años en la India, en el período Asokan, llamado Brahmi ”(más tarde, varios expertos identificarían en las placas los doce mismos signos que forman parte del zodíaco, y una enorme similitud con los signos empleados para leer y cantar música gregoriana).
Enterado de la existencia de Moricz y su hallazgo a través del libro de Von Däniken, se contactó entonces con él el ingeniero y espeleólogo escocés Stanley Hall. Le comentó que estaba planeando una mega-expedición internacional ecuatoriano-británica a la cueva con financiamiento genuino (los mormones) y le ofreció ser el guía.
El húngaro contra-ofertó su pretensión de ser el jefe del grupo y que sea condición sine-qua-non que no se toque ni se extraiga de las cuevas ninguna de las piezas o planchas. Como Hall no quiso ceder la jefatura le ofreció compartirla, oferta que Moricz rechazó decidiendo no participar, pero envió a un íntimo amigo suyo (que lo había acompañado en sus aventuras subterráneas), el espeleólogo Julio Goyen Aguado, para guiar al grupo (luego se sabría que entre ambos había un pacto sagrado por el cual Aguado nunca le mostraría a Hall y su grupo la manera de llegar a la misteriosa biblioteca).
Es así que en 1976 se articuló finalmente esta gigantesca y millonaria expedición imaginada por Stanley Hall, que involucró al Reino Unido (que ya había estado sin éxito por su cuenta en las cuevas en 1.969), el gobierno y ejército ecuatoriano ( en Escocia se la llegó a llamar “expedición militar”), centenares de científicos y militares, un espeleólogo escocés sospechado de ser integrante de los Servicios Secretos de Su Majestad, representantes mormones y masones, el astronauta más famoso del planeta, y una amplia e irrestricta cobertura periodística, todos ellos guiados por el mejor amigo de Juan Moricz quien llevaba instrucciones de no guiarlos a lo esencial…

TODOS SE ARREPINTIERON
Luego del confuso, violento y abrupto final de la expedición, Moricz se llamó a un silencio del que no volvió a salir jamás hasta su muerte. Había visto cara a cara la esencia de sus semejantes, y soportado las presiones de la codicia, la ambición y el propio poder.
Sobrevivió milagrosamente varios intentos de secuestro y asesinato.
Trató de desalentar a todo expedicionario que logró sortear sus maniobras evasivas y se le presentó pidiendo su guía. Evadió con el mismo énfasis que antes aceptaba cualquier tipo de entrevista o reportaje que pudiera volver a darle notoriedad.
Comenzó a vivir en hoteles y no tuvo nunca casa fija. Se registraba en siete hoteles a la vez, entre caros y baratos, y se alojaba siempre en los más modestos.
Falleció en 1991 llevándose consigo muchos secretos.
Stanley Hall, que consideró ridículas las exigencias de Moricz cuando lo contactó para invitarlo a la expedición de 1976, en 1997 ya estaba completamente alineado con su forma de pensar, se consideraba defensor de las cuevas y opinaba que sus tesoros eran patrimonio de la humanidad y que no debían ser tocadas ni extraídas. Para entonces, aún se encontraba en Ecuador y a quien le preguntaba sobre la verdadera entrada a la cueva, le contestaba que la misma era subacuática y que no se podía acceder por tierra (una verdad a medias, como veremos más adelante). Sin embargo, mantenía la esperanza de conseguir una nueva financiación para organizar otra expedición.

INVASION TERRESTRE EXTRA 
Luego de esta mega-expedición, y a pesar de los peligros e incomodidades que representaba internarse en plena selva virgen, continuaron por décadas los intentos exploratorios a las cuevas por parte de investigadores, estudiosos esotéricos, ladrones, simples curiosos y cientos de misiones protestantes (las cuales detentaron el doloroso récord de protagonizar la mayor cantidad de accidentes mortales en el intento).

REPORTAJES A MORICZ
En 1970 en una entrevista para un canal ecuatoriano, expresó:
“Después de la Segunda Guerra Mundial me he dedicado a rastrear el origen de la humanidad, para saber porqué estamos en esta Tierra, qué hemos de hacer y dónde habremos de llegar”
En el periódico El Universo de Guayaquil, con fecha 6 de agosto de 1976, resume la esencia de su pensamiento. Aquí transcribimos algunas estrofas:
Pregunta: ¿Cree que hay hombres allí abajo?
Moricz: Pueden tildarme de loco, pero hay seres superiores bajo tierra, con un dios inmortal
Pregunta: ¿Cómo los concibe físicamente?
Moricz: De carne y hueso, pero genéticamente superiores.
Pregunta: ¿Ha estado Ud. con ellos?
Moricz: Por eso puedo darle detalles del asunto
Pregunta: ¿Y qué hacen en ese mundo subterráneo?
Moricz: Hay talleres de tecnología avanzada
Pregunta: Los platos voladores son aparatos salidos del centro de la Tierra?
Moricz: Quién sabe…
Pregunta: ¿Los shuaras habrán visto estos seres?
Moricz: Es posible, son sus dioses.
Pregunta: Si aceptasen sus condiciones, ¿Ud. conduciría a sus acompañantes hasta ese lugar?
Moricz: Primero tendría que seleccionar los expedicionarios
Pregunta: ¿Y con eso basta?
Moricz: No, tengo que establecer contacto y ver la posibilidad de ser recibidos
Pregunta: Para muchos esta versión será increíble
Moricz: Así es. Hace cierto tiempo me tildaron de loco; nadie creyó ni siquiera en la existencia de las cuevas. Ahora dicen que soy una maravilla. Pues bien, imagino que con lo que le he contado volverán a considerarme un chiflado. Sin embargo, el mundo subterráneo existe y los seres de que les hablo están abajo. No les podemos ver, pero ellos sí a nosotros.

QUÉ HAY EN LAS PROFUNDIDADES DE LOS TAYOS
Una vez descendida la chimenea, recorridos los primeros 300 metros y atravesada la gran estancia bautizada por Moricz como "Domo de Nuestra Señora del Guayas", se presentan dos largas galerías y luego hay que doblar un recodo de 90º que conduce a una curva en sentido contrario. A continuación, se desemboca en una sala circular en cuyo centro hay una mesa redonda tallada en piedra y siete asientos. En la roca, detrás de cada asiento, aparece una abertura rectangular y debe penetrar en la abertura que está orientada hacia el Sur, y se avanza por un pequeño y estrecho pasadizo suavemente ascendente. Luego de una hora de ascensión, el túnel dobla hacia el Sureste y adquiere una pendiente ascendente más empinada. Luego se vuelve descendente, y se torna tan estrecho que hay que continuar a gatas. Al poco rato, se percibe una luz al final de la pendiente. La boca del túnel queda entonces separada del exterior por una potente cascada de agua que la cubre por completo. Una vez cruzada la misma, se llega a un promontorio, abierto en lo alto sobre la selva virgen y que da paso a una enorme gruta. Junto a ella, en una pared que forma un precipicio, aparece un resbaladizo camino enlosado sobre una estrechísima cornisa. Una vez sorteado el mismo, se accede hasta otra pequeña cavidad de tres metros de profundidad. En el piso hay dos losas cuadradas de medio metro de lado cada una. Debajo de ella, una estrecha escalera de piedra que conduce a una galería de piso de tierra. Al final de la misma, una bajada extremadamente peligrosa desemboca en una nueva gruta que alberga un pequeño lago de unos 40 metros de ancho, y una galería horizontal de un kilómetro de largo que dobla hacia el oeste e inicia una bajada poco pronunciada. Al cabo de una hora de marcha, aparece una nueva pequeña gruta también con un lago en su interior. Al retirarse el agua de este lago (fenómeno que sólo se produce en determinadas circunstancias) aparece en su fondo una galería lateral con una larga escalera ascendente que conduce hacia un estrecho pasadizo horizontal de metro y medio de altura, que avanza en espiral para culminar en una muy pronunciada escalera descendente que finaliza en una cavidad en cuyo centro se encuentra una especie de altar, y que posee un enorme pórtico que franquea una ancha y cómoda galería que desemboca en una gruta.
En esta gruta, una especie de lámpara giratoria ilumina numerosos esqueletos humanos totalmente recubiertos de oro y joyas de todo tipo. En el centro, sobre una mesa de piedra se presentan unos libros con hojas de oro escritos con jeroglíficos que contienen la historia de todas las civilizaciones de la Tierra. Ningún extraño debe tocar ni extraer nada de lo que allí ve. De lo contario, jamás hallará el camino de salida. Sin las claves y la llave correcta (aún en presencia de la cerradura), no se encuentra más que un conjunto de cuevas entrelazadas.




Juan Opos Moricz


“Juan Móricz rompió el molde de los investigadores extraordinarios y su genialidad desbordante lo condujo a descubrir el origen americano de la lengua madre de todas las lenguas, el verdadero origen de los Magiares’, el mundo subterráneo de América, la navegación interoceánica de los pueblos precolombinos americanos, la cuna de las culturas antediluvianas, y el centro de difusión cultural de América y del mundo situado en los territorios de la actual República del Ecuador”
Dr. Gerardo Peña Matheus


Peña, Hall y Moricz


Aquellos húngaros a quienes el mundo ha reconocido como grandes hombres y les ha rendido homenaje ya deben haberse acostumbrado a que en su patria no saben nada de ellos.
Esto es más que lamentable.

Móricz János es su nombre en húngaro, pero en el extranjero lo conocen como Juan Moricz, lo que le da una connotación extranjera. Después de la I Guerra Mundial emigró a la Argentina y desde entonces su vida se convirtió en una novela de aventuras.
En su nueva vida hay un libro de gran importancia que determinaría su actividad posterior es el libro escrito por el vasco Basaldúa y que serviría para convertirlo en un personaje pionero en la investigación histórica y que al mismo tiempo lo convierte en nuestro orgullo nacional. La vida de Móricz abrió un camino extraordinario que aun está abierto para aquellos que no temen a la verdad.
Florencio de Basaldúa, es un argentino de origen vasco (geodesta, ingeniero, escritor, un poli-historiador y un gran investigador) cuya teoría lo inició por ese camino. Basaldúa investiga los orígenes del pueblo vasco, la teoría histórica, las civilizaciones antidiluvianas y sus conocimientos de un pueblo „heredero” que, como sabemos, está estrechamente relacionado con el pueblo actualmente llamado húngaro (magyar) o con sus antecesores, conformando por „vínculos de parentesco” la columna o raíz de la Mesopotamia antigua, para más tarde convertirse en uno de los miembros de la alianza esquita y que para el momento del nacimiento de Cristo son un grupo de pueblos que constituyen un factor determinante del imperio de los Partos que determinará la historia de la humanidad y del mundo de la fe.
A esta época y cultura para nuestros días se les ha dado el nombre artificial de sumerio.
Esta concepción teórica de Basaldúa impresiona a Moricz grandemente al afirmar que algunos pueblos europeos de hoy, entre ellos los vascos, pueden tener su origen en el continente americano, que para nuestros días lleva el ridículo nombre de Nuevo Mundo. A este continente, antes de la ocupación y colonización española y portuguesa y posteriormente inglesa y francesa era llamado por sus habitantes originarios AWYA YALA. Hay una literatura ya inmensa sobre el hecho de que Colón no llegó por casualidad a este continente, fabulosa, territorio lleno de fantásticos tesoros, sino que fue guiado por el mapa de Piri Reis para dar inicio al proyecto de saqueo y destrucción total.



Moricz empieza una intensa investigación. Muchos puntos de la teoría de Basaldúa no son elementos aislados ni son únicos. Testimonios materiales de siglos o más bien de miles de años, indican que la historia de la humanidad es tal vez muy diferente de la que hasta el día de hoy enseñan en las escuelas. Señalemos sólo algunos de estos testimonios: Fray Gregorio García: Origen de los indios del Nuevo Mundo y de India Occidental, Madrid 1729, en los cuales habla de hallazgos esquita-huno en América del Sur en el territorio actual del Perú. Luego tenemos la revelación y comprobación de Thor Heyerdahl con su expedición llamada Kon Tiki) y las teorías de unos profesores y científicos húngaros como Zsigmond Varga, János Horváth, Jenő Csicsáky, Ferenc Csérep - ese ultimo, debido a la publicación de su investigación - bajo el título La patria original de los húngaros es América, - fue expulsado de la Academia de Ciencias de Hungría. Se pueden ver otras fuentes: Brasil: Appolinaire Frost: habla de los ancestros sudamericanos de los egipcios; el delta del Amazonas (la isla Marajo): Frobenius: identifica los hallazgos como etruscos; Matto Grosso Brasil; Según Pizarro los indígenas eran „ de piel más blanca que la de los españoles”).
¿Porque hasta el día de hoy no figuran así estos hechos en los textos de los libros escolares?
En verdad este tema merece mucho más que un libro. Brevemente: si todos los hombres tuviesen en sus manos el conocimiento de que el HOMBRE no es un ser que surge „por casualidad” al final de una lamentable cadena de simios y también de que con anterioridad a nuestra civilización actual nuestros „antepasados” – y aquí pensamos con una libertad máxima no en decenas de miles sino incluso en cientos de miles de años como un tiempo de existencia – ya habían desarrollado civilizaciones mucho más avanzadas que la de hoy, entonces al hombre actual no bailaría tirado de la nariz como le ocurre actualmente.
"Los hijos de Mammon cierran el tiempo-espacio".
¿Qué significa esto? Los hijos de Mammon sugieren que el hombre es solamente el cuerpo (máximo se le permite el „alma animal”, pero no que es espíritu!), que sólo se le han dado para vivir 70-90 años y que el mundo no es más de que lo que podemos captar con nuestros órganos de los sentidos.
A partir de aquí el temor a la muerte es dominante, sólo nos concentramos en los asuntos del cuerpo. Este es el ambiente propicio para el mundo del dinero. Puesto que es muy importante que nos centremos sólo en el presente, en la comodidad y bienestar de hoy, en la belleza del cuerpo porque de este modo nos convertimos en los consumidores ideales. Los hijos de Mammon no tienen poder sobre el „Dios-hombre” despertado y consciente. Sólo lo tienen sobre los descendientes del mono, temerosos y encerrados en su cuerpo.
Volviendo a János Móricz.
János Móricz debido a su trabajo (exploraciones mineras de oro y encargos para conseguir concesiones) viaja al Ecuador, donde durante varios años recorre la región amazónica, la tierra de los shuaras (la región de Morona- Santiago, el sur del Ecuador). De esta relación, de haberlos conocido, poco a poco surge la amistad con los jefes de las tribus locales y con el tiempo Moricz gana la confianza de ellos. Además hay una razón nada despreciable que fomenta esta amistad, resulta que los idiomas que hablan estas gentes tienen una relación que parece increíble, la relación con el húngaro arcaico (es decir antes de su modernización en el siglo 18.) e incluso algunas palabras coinciden. Es más, las denominaciones de ciertos lugares cubren nombres de familias húngaras tales como Jokay, Zalai, Saka, Zoyomi (Zólyomi o Sólyomi?).


Expedición 1976: Izquierda: Padre Pedro Porras; derecha: Caverna


Sus amigos recientemente adquiridos le dicen que antiguamente, antes de los españoles Quito se llamaba Kitus que en húngaro corresponde a Két ős, es decir dos antecesores, porque según saben esta ciudad fue fundada por dos pueblos antecesores que ahora viven lejos uno del otro. Al confrontar todo este conocimiento vivo con las teorías anteriormente expuestas por los investigadores Móricz emprende un extraordinario trabajo tratando de encontrar alguna línea teórica, algún enlace que sea posible aceptar por el sentido común. Los jefes del grupo étnico Colorado acuerdan junto con los jefes de la tribu Shuar que harán conocer a Móricz la parte secreta del sistema de cuevas y túneles subterráneos. Entre el gran número de entradas hay una por la que se puede llegar a una cámara que ha permanecido secreta durante miles de años, a la sala que desde entonces se llamará „La Biblioteca de Oro”.
Es evidente que Móricz tenía la seria intención de organizar una expedición para que aparte de él también otros pudiesen ver lo que a él se le había descubierto. Sin embargo para esto se requería de serias garantías por parte de los gobiernos, además de mucho dinero y recursos. El no pudo conseguir ninguna de estas dos cosas. Los órganos oficiales le ofrecieron ambos, pero sin un verdadero compromiso. La iglesia mormona también le hace un ofrecimiento alegando que esas láminas de oro sólo pueden ser las tablas de oro del ángel Moroni que menciona John Smith. Durante cierto tiempo, debido a la situación compleja en que se encuentra Móricz se inclina a aliarse con ellos, pero poco más tarde salen a relucir las verdaderas intenciones de los mormones y Móricz se niega a continuar colaborando con ellos. En verdad, Móricz puso en consideración la colaboración con los mormones debido a su amigo Julio Goyen, un abogado y arqueólogo argentino de origen vasco, que durante cierto tiempo fue mormón. Pero como se comprobó que los dirigentes de la iglesia mormona buscaban la colaboración sólo con la intención de acercarse al tesoro, Móricz decidió cortar la relación con estos. En esta situación le hubiera venido bien la cooperación con Stan Hall quien tenía posibilidades ante las autoridades británicas para organizar una expedición y conseguir los fondos necesarios para ello.
El escoses Stan Hall, se encuentra personalmente con Móricz en Guayaquil, Ecuador el año de 1972. Para conocer mejor sobre la relación y cooperación que tuvieron sería bueno editar también en húngaro y español su libro “Tayos Gold: The archives of Atlantis”. Stan Hall fue capaz de obtener recursos de la „corona inglesa” – (los oídos de la autoridad húngara continúan sordas como entonces). Así inspirados por Móricz nace la expedición inglesa - ecuatoriana de 1976, teniendo como „jefe honorífico”. al astronauta Neil Armstrong, el primer hombre que piso la luna. En el último momento Móricz se retira porque los gobiernos de entonces no garantizan que los hallazgos no serán extraídos y permanecerán intactos, cosa que Móricz había prometido bajo palabra de honor a los „guardianes” shuaras. Esta expedición no encuentra la única entrada secreta a la „Biblioteca de Oro” y así es muy probable que ese tesoro continúa en su lugar hasta nuestros días. Por otra parte la expedición permaneció cerca de un mes en el lugar con la participación de científicos y un cuerpo militar muy bien equipado. Encontraron algunos objetos arqueológicos en la zona y se los llevaron sin rendir cuentas al gobierno ecuatoriano. Pero nos dejaron algo, las fotografías que demuestran el trabajo de una civilización anterior dentro de las cuevas, con salas de una magnitud enorme, techos y paredes pulidas y el escombro de muchos siglos que rellena estos lugares. Sin embargo a esto no se le ha dado la importancia que merece.
Yo misma invite a Stan Hall para que dictara una conferencia en Hungría el año 2008. Él aceptó con gran alegría, pero el mes de octubre del mismo año murió inesperadamente. Otro „personaje principal” de la enredada historia de Móricz es Erick von Däniken. Móricz se encuentra con esta persona en1972, pero rompió su relación con Däniken en cuando éste escritor populista declaró en su libro best-seller “The Gold of Gods” (El oro de los dioses) que había estado en cierta caverna donde estaba la Biblioteca de Oro, aunque esto evidentemente es falso. Móricz lo llevó a una cueva de quinto grado y sólo por un par de horas. Sin embargo el libro que escribe partiendo de las palabras de Móricz demuestra que de todas maneras es un escritor genial al que le debemos mucho puesto que Däniken de una manera muy valiente supo plantear preguntas que nos obligan a reflexionar y muchas veces en realidad nos predisponen para aceptar una visión completamente nueva, aunque yo personalmente no las considero aceptables porque muchas veces pone un punto final, allí, donde en realidad sólo debería ponerse una interrogante. La hipótesis nunca es igual a la tesis y él muchas veces ignora esta regla. La sobrepasa también en el caso de Móricz. Su libro, entre los tres publicados hasta ahora, es el que más carece de hechos fidedignos y experiencia propia, sin embargo este es el que más famoso lo ha hecho. Según mi humilde opinión este hecho califica acertadamente nuestro mundo actual, donde los temas „livianos” se aprecian golosamente más que a la verdad.
Pero también aquí es bueno mencionar que existe un otro libro de hechos y no de fantasías como el de Daniken.
Me refiero al libro del escritor argentino Guillermo Aguirre que fue la persona que conoció durante muchos años a Stan Hall, a Móricz y especialmente a Julio Goyen. Su excelente libro „Lírico y profundo” nos da una visión mas clara de las protagonistas de este tema de la Cueva de los Tayos y de verdad es una fuente inmaculada, fiel a los hechos y de valor enorme por sus informaciones.

Las cosas que se encuentran en la „Biblioteca de Oro” son increíbles, parecen cosas de la fantasía que el lector podría ignorarlas sencillamente, pero por ventura existe un documento oficial, con la firma y sello del presidente de la República del Ecuador, donde consta que los „guardianes” del tesoro le han permitido a Móricz que junto a garantías adecuadas de a conocer al mundo una parte de los hallazgos. (Como nota de interés hay que señalar que una de las tribus „guardianes” se denomina Béla, nombre húngaro y hablan un idioma de conjugación similar al húngaro). Ellos dicen que se „acerca el tiempo” para dar a conocer al mundo EL NUEVO CONOCIMIENTO.
¿Qué encontró?
Varios cientos de láminas de oro con grabaciones en una escritura complicada y un sistema de símbolos hasta hoy indescifrables. Algunos de estos símbolos aparecen en los objetos de otras civilizaciones antiguas (restos arqueológicos del Egipto más antiguo, Mesopotamia más antigua, Babilonia, Caldea, Esquita, Ural-Altaico). Algunos otros se utilizan incluso hoy en ciertos territorios y pueblos de la India. Igualmente hay serios paralelos con los signos y símbolos de la escritura china y japonesa. Además hay miles de estatuas de oro de animales, (muchos de estos nunca fueron originarios del continente y algunos otros hace millones de años que han desaparecido).

Las imágenes que vemos a continuación formaban parte de la colección del padre Crespi, en la ciudad de Cuenca, Ecuador. Durante como 40 años que algunos de estos extraordinarios objetos se exhibían como obsequios que los habitantes locales, los shuaras, le traían de „la cueva”.



Esculturas parecidas a estas obras plásticas se encuentran registradas en los museos europeos bajo los nombres de Dagon o el caldeo Oanes. La representación con escamas de pez es un tema que requiere atención, puesto que para muchos pueblos antiguos „los dioses eran peces”. En la India se acostumbra representar a Vishnú como una sirena. Sabiendo cual fue el enorme conocimiento de estas civilizaciones no podemos pensar que realmente creían que los dioses eran peces. Mucho más probable es que son los sacerdotes, los consagrados „salvados del Gran Diluvio” que pudieron traer consigo el conocimiento anterior. Son estos a los que representan como medio peces (la parte baja del cuerpo es el „lugar” del pasado, de la raíz).



Aquellas personas que han visto un combatiente Huno o Parto de la época pueden descubrir un parecido muy serio en la vestimenta. La serpiente que ondula a la altura de la cabeza (lo que siempre se refiere a la espiritualidad) dado a conocer por Imphotep-Asklepios, existe hasta nuestros días como símbolo de la consagración de los que curan.



¿Es este el Nimrod con Alas? El Museo Británico registra la escultura gemela de ésta con el nombre El guardián del palacio del Rey asirio de Khorsabad.


El anciano padre Crespi con una de las antiguas láminas de oro en el descuidado patio de su parroquia en el pueblo de Cuenca, Ecuador. Los objetos, después de la muerte del padre, para el día de hoy han desaparecido casi todos, se alega debido a un incendio. Dios bendiga al padre Crespi, que durante cuarenta años guardó este tesoro para nosotros. Posiblemente no en vano. Lo que ha desaparecido puede reaparecer. La falta mayor es cuando no tomamos nota de su existencia y permanecemos indiferentes.

En resumen, János Móricz o Juan Moricz demostró ser un hombre de cualidades extraordinarias, no se dejo ganar por el brillo aparente de la riqueza, no traicionó a los guardianes del tesoro y gracias a esto los hallazgos hoy deben permanecer seguros.





Padre Carlo Crespi, el verdadero descubridor del tesoro de la Cueva de los Tayos




Por YURI LEVERATTO

En la región amazónica ecuatoriana llamada Morona Santiago existe una caverna muy profunda, llamada Cueva de los Tayos.
La caverna, que se encuentra a una altura de 800 metros sobre el nivel del mar, se llama Tayos, del nombre de característicos pájaros semiciegos que viven en sus profundidades. Los indígenas Shuar o Jíbaros (que tenían la costumbre de reducir el cráneo de los enemigos muertos en batalla), que viven en las cercanías de la gruta, solían alimentarse de esas aves.
La noticia más antigua de la caverna se remonta a 1860, cuando el general Víctor Proaño envió una breve descripción de la gruta al Presidente del Ecuador de entonces, García Moreno.
No obstante, sólo en 1969 un investigador húngaro de nacionalidad argentina, de nombre Juan Moricz, exploró a fondo la caverna, encontrando muchas láminas de oro que contenían incisiones arcaicas parecidas a jeroglíficos, estatuas antiguas de estilo medioriental y otros numerosos objetos de oro, plata y bronce: cetros, yelmos, discos y placas.
El investigador húngaro llevó a cabo también una extraña tentativa de oficializar su descubrimiento, registrando sus hallazgos en la oficina de un notario de Guayaquil, el día 21 de julio de 1969, pero su solicitud fue rechazada.
En 1972, el escritor sueco Erik von Däniken difundió en todo el mundo el hallazgo del investigador húngaro.
Cuando la noticia del extraño descubrimiento de Moricz se divulgó por el planeta, muchos estudiosos y esotéricos decidieron explorar la caverna en expediciones privadas.
Una de las primeras y más arriesgadas expediciones fue la conducida en 1976 por el investigador escocés Stanley Hall, en la cual participó el astronauta estadounidense Neil Armstrong, el primer hombre que pisó la luna en 1969.


Neil Armstrong


Se narra que el astronauta refirió que los tres días que permaneció en el interior de la gruta fueron incluso más significativos que su legendario viaje a la luna.
En la empresa participó el espeleólogo argentino Julio Goyen Aguado, amigo íntimo de Juan Moricz, de quien había recibido referencias sobre la exacta localización de las placas y láminas de oro talladas.
Parece que Goyen Aguado, bajo indicación de Moricz, quien no participó en la expedición, despistó a Stanley Hall, impidiéndoles a los anglosajones apropiarse de los antiguos hallazgos de oro.
Otras versiones de la historia sugieren, en cambio, que los anglosajones saquearon parte del tesoro, llevándoselo ilegalmente de Ecuador.
Según otros investigadores, quien verdaderamente descubrió los inmensos tesoros arqueológicos de la Cueva de los Tayos no fue el húngaro Moricz, sino más bien el sacerdote salesiano Carlos Crespi (1891-1982), nativo de Milán.
Crespi habría indicado a Moricz cómo entrar en la caverna y cómo encontrar el camino correcto en el laberinto sin fondo que se encuentra en sus profundidades.



Carlos Crespi, quien llegó a la selva amazónica ecuatoriana en el lejano 1927, supo ganarse pronto la confianza de los autóctonos Jíbaro e hizo que le entregaran, en el curso de los decenios, cientos de fabulosos pedazos arqueológicos que se remontan a una época desconocida, muchos de ellos de oro o laminados en oro, por lo general magistralmente tallados con arcaicos jeroglíficos que nadie ha sabido descifrar hasta hoy.
A partir de 1960, Crespi obtuvo del Vaticano la autorización de abrir un museo en la ciudad de Cuenca, donde estaba ubicada su misión salesiana. En 1962 hubo un incendio y parte de los hallazgos se perdieron para siempre.
Crespi estaba convencido de que las láminas y las placas de oro que él encontró y estudió señalaban sin lugar a dudas que el mundo antiguo medioriental anterior al diluvio universal estaba en contacto con las civilizaciones que se habían desarrollado en el Nuevo Mundo a partir de hace sesenta milenios.
Según el Padre Crespi, los arcaicos signos jeroglíficos incisos o grabados quizá con moldes, no eran otra cosa que la lengua madre de la humanidad, idioma que se hablaba antes del diluvio.
Las conclusiones de Crespi eran extrañamente similares a las de otros investigadores del mismo período, como el esotérico peruano Daniel Ruzo (estudioso de Marcahuasi), el médium estadounidense G. H. Williamson, el arqueólogo italiano Constantino Cattoi o el investigador ítalo-brasilero Gabriel D’Annunzio Baraldi (quien documentó a fondo la Pedra do Ingá).
A fines de los años 70 del siglo pasado, Gabriel D’Annunzio Baraldi visitó frecuentemente Cuenca, donde conoció tanto a Carlo Crespi como a Juan Moricz.
En aquella ocasión, Carlo Crespi le reveló al ítalo-brasilero que la Cueva de los Tayos no tenía fondo y que las miles de ramificaciones subterráneas no eran naturales, sino construidas por el hombre en el pasado. Según Crespi, la mayoría de los hallazgos que los indígenas le daban provenían de una gran pirámide subterránea, situada en una localidad secreta. El religioso italiano confesó luego a Baraldi que, por miedo a futuros saqueos, ordenó a los indígenas cubrir totalmente de tierra dicha pirámide, de manera que nadie pudiera encontrarla nunca más.



Según Baraldi, los arcaicos jeroglíficos incisos en las láminas de oro de la Cueva de los Tayos recordaban el antiguo alfabeto de los Hititas, que según él habían viajado y colonizado parcialmente a Suramérica dieciocho siglos antes de Cristo. Baraldi notó que en muchas placas y láminas de oro había varios signos recurrentes: el sol, la pirámide, la serpiente, el elefante. Particularmente, Baraldi interpretó la placa donde estaba incisa una pirámide con un sol en su cima como una gigantesca erupción volcánica que ocurrió en épocas remotas.
Cuando Carlo Crespi falleció, en enero de 1980, su fantasmagórica colección de arte antediluviana fue sellada para siempre, y nadie pudo admirarla nunca más. Hay muchos rumores sobre la suerte de los valiosísimos hallazgos recogidos pacientemente durante largos decenios por el religioso milanés.
Hay quienes dicen que simplemente fueron enviados en secreto a Roma y que yacen todavía en algún rincón del Vaticano.
Otras fuentes pretenden probar que el Banco Central del Ecuador compró, el 9 de julio de 1980, por la suma de 10.667.210 $, aproximadamente 5000 piezas arqueológicas de oro y plata. El responsable del museo del Banco Central del Ecuador, Ernesto Dávila Trujillo, desmintió categóricamente que la entidad del Estado haya comprado la colección privada del Padre Crespi.
Prescindiendo de la localización física actual de los hallazgos arqueológicos del Padre Crespi, quedan las fotografías y los numerosos testimonios de muchos estudiosos que prueban su veracidad.
Casi parece que alguien quiso ocultar las fantásticas piezas arqueológicas coleccionadas y estudiadas por el religioso milanés. ¿Por qué?
Con seguridad, la prueba de que pueblos antediluvianos y otros sucesivos al diluvio, pero netamente mediorientales, hayan visitado la cuenca del Río Amazonas en tiempos tan remotos y que hayan dejado una tal cantidad de maravillosos hallazgos es una verdad que podría ser incómoda. Muchos historiadores convencionales han descrito al Padre Crespi como un impostor o simplemente un visionario que mostró como auténticas láminas de oro que eran sencillamente falsificaciones o copias de otras creaciones artísticas mediorientales.
Mi opinión sobre los enormes tesoros de la Cueva de los Tayos es que son auténticos y que provienen del Medio Oriente.
Sin embargo, hay que distinguir entre algunos hallazgos en los que fueron tallados aparentes jeroglíficos y otros que son representaciones de arte sumerio, asirio, egipcio e hitita.
Estoy convencido de que antes del diluvio, los pueblos que vivían en la tierra firme correspondiente a la actual plataforma continental del continente africano (posteriormente sumergida) tenían frecuentes intercambios con los pueblos que, ya desde hacía sesenta milenios antes de Cristo, vivían en el actual Brasil. La Pedra do Ingá, estudiada a fondo por Baraldi y descrita por mí en enero del 2010, testimonia que pueblos antiquísimos describieron un evento para ellos muy importante (¿quizá el diluvio universal?) utilizando un arcaico método de escritura (¿una forma de escritura nostrática?) después de haber llegado al actual Brasil a causa de un acontecimiento fortuito.
Además, es útil recordar también el arcaico alfabeto inciso en la estatuilla (proveniente del interior del Brasil), de basalto negro que le dio el escritor Rider Haggard al explorador Percy Fawcett. Dicho alfabeto es muy similar a los signos incisos en las láminas de oro de la Cueva de los Tayos.
En este sentido se pueden reconocer y describir algunas inscripciones arcaicas de los hallazgos de la Cueva de los Tayos como pertenecientes al idioma nostrático.
En cuanto a los otros hallazgos, de clara procedencia medio-oriental post-diluviana, me parece correcto considerarlos como restos de varias expediciones ocasionales que fueron llevadas a cabo a partir del tercer milenio antes de Cristo por los sumerios y sucesivamente por los egipcios, fenicios y cartagineses.
Estas conclusiones mías no están solamente apoyadas en el hecho de que se hayan encontrado restos de hoja de coca en las momias egipcias, sino sobre todo en los recientes descubrimientos en el altiplano andino, como la Fuente Magna y el monolito de Pokotia.
Queda el misterio de por qué todo aquel inmenso tesoro fue reunido en la Cueva de los Tayos y en los laberintos que se encuentran en sus profundidades.
En mi opinión, es posible que restringidos grupos de antediluvianos, sobrevivientes de la gigantesca catástrofe, una vez que desembarcaron en Suramérica, hayan querido salvar sus preciosísimas reliquias escondiéndolas luego en una gruta que consideraron segura.
En lo que concierne, por otro lado, a los pueblos medio-orientales post-diluvianos, refiriéndome particularmente a los sumerios, egipcios, fenicios y cartagineses, es posible que todo grupo viajara con especiales insignias de su estirpe y origen, que en el curso de los años se perdieron en los Andes (como es el caso de la Fuente Magna). A continuación, los antepasados de los indígenas Shuar aglomeraron esas reliquias en la Cueva de los Tayos, considerándolas objetos sagrados que debían ser reunidos obligatoriamente en un lugar considerado mágico por su tradición.





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